E2K MVPQL John Paul Strapp

John Paul Strapp, el hombre que decidió estrellarse para comprobar su teoría

Hay gente que investiga desde un laboratorio.
Y luego está John Paul Stapp, que pensó: “Si queremos saber qué le pasa al cuerpo en un accidente… habrá que probarlo”.
Y así es como Stapp se convirtió en el hombre que más veces se puso en peligro en nombre de la ciencia para estudiar el efecto de la aceleración y la desaceleración extrema en el cuerpo humano.

A finales de los años 40, cuando la seguridad no era una prioridad y los cinturones de seguridad parecían una exageración, Stapp se ató a un trineo impulsado por cohetes y salió disparado a una velocidad mayor que la del sonido… para frenar en seco segundos después.
Lo hizo decenas de veces. Voluntariamente. A sabiendas de que en estos experimentos Stapp perdió empastes, se le reventaron vasos sanguíneos en los ojos y sufrió contusiones por todo el cuerpo. Incluso, en una ocasión, quedó completamente ciego debido a la presión.

¿Por qué alguien haría algo así?
Porque quería demostrar algo muy simple: que el cuerpo humano puede sobrevivir a impactos brutales si existe una protección adecuada. Y precisamente gracias a sus pruebas se confirmó algo que hoy parece obvio, pero entonces no lo era: el cinturón de seguridad salva vidas.

Antes de Stapp, muchos lo consideraban innecesario, molesto o exagerado. Hoy nadie se sube a un coche sin abrochárselo. No porque pensemos que vamos a tener un accidente, sino porque sabemos que, si ocurre, la diferencia es enorme.

Ese es el verdadero legado de sus experimentos: convertir la seguridad en algo normal, cotidiano y casi automático. Algo que no estorba, pero que está ahí cuando hace falta.

Stapp no inventó el riesgo. El riesgo ya existía.
Lo que hizo fue demostrar que protegerse bien cambia por completo el resultado.